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Predicciones 2026: IA, ciberseguridad, economía y sostenibilidad

14 de enero de 2026 por
Walter Trujillo Diaz
| Sin comentarios aún

Con el arranque de un nuevo año surgen interrogantes sobre las tendencias que marcarán el rumbo de los negocios y la sociedad en general. Tras un 2025 de rápida evolución tecnológica, tensiones globales y reacomodos económicos, los tomadores de decisiones enfrentan un panorama complejo. A continuación, les presentamos cuatro predicciones para este 2026. 

1. La inteligencia artificial sale de la burbuja especulativa 

Hemos venido presenciando en los últimos 3 años una omnipresencia de la inteligencia artificial (IA), que muchos hoy en día comparan con la burbuja del “dot-com” de finales de los 90. Si bien las grandes empresas tecnológicas reportaron ganancias reales gracias a la IA, muchas organizaciones tradicionales han invertido cuantiosas sumas sin ver retornos tangibles. De hecho se estima que, en el mejor de los casos, 9 de cada 10 de los proyectos piloto de IA generativa en empresas no han logrado resultados financieros significativos, quedándose estancados sin impacto en sus ingresos. La brecha entre el “hype” y la realidad es cada vez más evidente: numerosas compañías encuentran difícil llevar los pilotos de IA a producción, y el entusiasmo inicial da paso a dudas sobre su valor práctico y retorno de inversión. 

Esperamos que en 2026 las empresas adopten una postura más cautelosa y pragmática frente a la IA. En lugar de tratar a la IA como la varita mágica para todos sus problemas, la integrarán como un engranaje más dentro de sus estrategias, buscando aplicaciones concretas que mejoren la productividad y la rentabilidad. Esta moderación vendrá impulsada por lecciones aprendidas: los proyectos de IA exitosos han sido aquellos enfocados en casos de uso específicos y bien definidos, no en soluciones genéricas y costosas. Al mismo tiempo, los inversionistas empiezan a mostrar una evidente preocupación por el posible estallido de la burbuja tecnológica alrededor de la IA, y encabeza la lista de riesgos para este año. 

Es probable, por tanto, que veamos una corrección en el sobrecalentado mercado de la IA hacia la segunda mitad del año. Esto afectaría especialmente a los proveedores de los grandes modelos de lenguaje (LLM) de uso público y startups infladas que dependen de financiamiento abundante. Las empresas están menos dispuestas a pagar por plataformas de IA enormes y generalistas; prefieren herramientas más enfocadas y rentables que resuelvan sus necesidades puntuales. En IA, es el año que pasaremos del frenesí a la frónesis. 

2. Ciberseguridad en alerta máxima por tensiones globales 

La ciberseguridad será otro tema crítico este año, alimentado por un contexto mundial marcado por conflictos y rivalidades geopolíticas. En 2025, los ataques cibernéticos crecieron en escala y audacia, frecuentemente como extensión de tensiones internacionales. Para 2026 se anticipa un aumento sustancial de ciberataques patrocinados por estados o grupos alineados con diversas causas políticas, buscando infligir el mayor daño reputacional y económico posible a sus objetivos. No habrá tregua digital: según expertos, las actividades ofensivas de hackers respaldados por naciones se mantendrán en niveles muy altos durante 2026, reflejando la ruptura de canales diplomáticos y los conflictos activos en distintas regiones. En otras palabras, las pugnas geopolíticas se están librando también en el ciberespacio, y ninguna organización, ya sea pública o privada, está completamente a salvo de convertirse en un objetivo o daño colateral. 

Veremos más ataques dirigidos a infraestructuras críticas (sistemas financieros, telecomunicaciones, servicios públicos). Algunos actores buscan provocar disrupciones sistémicas: intentos agresivos por tumbar sistemas vitales como cadenas logísticas, lo que podría causar efectos en cascada más allá de los objetivos inmediatos.  

Además de los agentes estatales, grupos “hacktivistas” intensificarán su actividad en respuesta a eventos globales. Cada nueva sanción, conflicto o decisión polémica de un gobierno podría detonar oleadas de intrusiones digitales por parte de activistas cibernéticos. Su objetivo será socavar servicios públicos, minar la confianza en las instituciones y amplificar el impacto local de crisis internacionales. En 2025 fuimos testigos de cómo colectivos afiliados a distintas causas atacaron páginas gubernamentales y empresas estratégicas como forma de protesta; este año esa tendencia escalará. Por lo anterior, consideramos que la ciberseguridad en 2026 estará en alerta máxima. Las organizaciones deberán reforzar sus defensas, prepararse para ataques más sofisticados (posiblemente potenciados con IA) y no bajar la guardia ante amenazas constantes. La convergencia de espionaje estatal, ciberguerra y ciberdelincuencia común creará un entorno de riesgo en el que la prevención y la resiliencia serán más importantes que nunca. 

3. Enfriamiento económico con alivio inflacionario 

En el terreno económico, 2026 se perfila como un año de crecimiento moderado, pero sin descarrilar en recesión, un respiro tras la volatilidad de años recientes. La economía global demostró resiliencia en 2025 a pesar de diversos obstáculos que van desde guerras comerciales hasta conflictos armados; sin embargo, entrando en 2026 los analistas proyectan una desaceleración del PIB mundial. Varios factores contribuyen a esta moderación: por un lado, se espera un menor dinamismo del comercio internacional, afectado en parte por nuevas trabas arancelarias y tensiones entre las grandes potencias comerciales. Por otro lado, el consumo de los hogares en muchos países seguirá resentido por la inflación acumulada y los efectos rezagados de las altas tasas de interés recientes. En pocas palabras, las condiciones siguen frágiles y las empresas deberán navegar un entorno de demanda más débil. 

No todo es negativo, ya que la peor parte del shock inflacionario parece haber quedado atrás, alejándonos de los niveles extraordinarios que vimos en post-Covid, y esto abriría la puerta para que los grandes bancos centrales consideren mayores elementos de peso para un recorte gradual y sostenido de las tasas de interés, aliviando así el costo del crédito. Es poco probable volver a los intereses cercanos a cero de la década pasada, ya que la era de dinero prácticamente gratis quedó atrás; pero definitivamente 2026 apunta a un crecimiento más lento pero estable, con inflación en descenso que permitirá un entorno financiero menos asfixiante. Aun así, riesgos latentes podrían enturbiar este panorama: las tensiones comerciales y geopolíticas no han desaparecido, lo que podría llevar a una mayor fragmentación de las cadenas de suministro globales y a costos más altos en insumos, con esta nueva tendencia de un mundo dividido en bloques. Por tanto, hay que mantenerse vigilantes y ágiles, equilibrando prudencia con aprovechamiento de oportunidades en aquellos sectores que aún muestren fortaleza. 

4. Sostenibilidad y clima como ejes estratégicos empresariales 

Si cerraste el año escuchando o viviendo en carne propia que las mariposas monarca retrasaron su migración, que las nochebuenas no abrieron en temporada o que los lugares tradicionales para practicar deportes invernales pasaron el mes de diciembre sin tener nevadas continuas, no te sorprenderá que el medio ambiente y la sostenibilidad figuran entre los temas de mayor importancia en 2026, marcados por avances regulatorios y la creciente presión pública por enfrentar el cambio climático. Este año podría representar un punto de inflexión en la narrativa de la sustentabilidad empresarial, ya que nuevas regulaciones de gran alcance empezarán a hacer efecto, como la directiva de reportes de sostenibilidad corporativa (CSRD) de la Unión Europea, que obligará a miles de empresas a divulgar con rigor sus impactos ambientales, sociales y de gobernanza, o las leyes climáticas en estados como California que exigirán a las compañías reportar sus emisiones de gases y riesgos climáticos. La sostenibilidad deja de ser un tema de marketing y pasa a ser un imperativo estratégico: no cumplir con estándares ambientales ya no solo conlleva mala imagen, sino también posibles sanciones y pérdida de acceso a mercados. 

Todas estas tendencias configuran un mapa inicial de lo que podría traer 2026, un año que promete ser de ajustes y definiciones en nuestro camino conjunto hacia el futuro. Por supuesto, ninguna predicción es infalible y siempre pueden surgir sorpresas, pero anticipar escenarios permite actuar con visión y resiliencia en un mundo cada vez más interconectado y desafiante. Como individuos o como parte de nuestra comunidad, el reto es interesante. Bienvenidos.

Walter Trujillo Diaz 14 de enero de 2026
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